Por: Gaspar A. Herrera Farfán
Recordando una canción compuesta por Manuel Hernández y magistralmente interpretada por Pedro Infante, da pie al inicio del presente artículo. “En una jaula de oro, pendiente de un Balcón, se hallaba una calandria cantando su dolor; hasta que un gorrioncillo a su jaula llego, si usted puede sacarme, con usted yo me voy…”
Todo un compendio de experiencias en su letra, todo un camino de enseñanzas en cada una de ellas, toda una interrogación para entender con exactitud el concepto de “vida”, pero no el mecánico, no el descrito y aceptado por todos, sino el aprendido en el caminar de la existencia y que muy pocos han podido comprobar.
Decir “vivo” no es tan solo respirar y caminar, sino buscar con afán ese motivo por el que estás y que te dará un punto de reconciliación de ti contigo, y de tu andar con la existencia para que con satisfacción al final puedas exclamar, que descubriste tu vida y con entera conciencia y seguridad te atreviste a vivirla en todos sus momentos. Sí hay un calvario y atreverse a caminarlo es ir a una salvación personal; ¿Alguna relación con alguien que viviera todo esto con anterioridad?, ¡Busca en ti la respuesta!, ¡Porqué después de una gran borrachera se exclama en la resaca que se carga una enorme cruz!, ¡al matrimonio, en broma igual, se dice que es la cruz de ambos!, ¡Y así entre justificaciones y bromas se dejan pasar respuestas vívidas, que únicamente regresan cuando las cosas ya sucedieron y al grito de ¡porqué a mí!, vuelven a la mente lo vivido y los arrepentimientos tardíos.
Lecciones las hay a cada paso, cada persona es una enseñanza diferente, la oportunidad de una plática es tan transparente, pero por lo regular, se reenvuelve a la persona con quien se platica, de lo mismo, porque a uno esas cosas, jamás le van a suceder, y al final que pasa, la obstinación demuestra la incapacidad, la incapacidad la ignorancia y la ignorancia el fracaso que se convierte en amargura y frustración. “Quien ignora su historia se condena irremisiblemente a repetirla”; ¿Habrá algo para reflexionar sobre esta simple y superficial frase? ¡No lo sé!, ¡A ver quien sí lo sabe!
La necesidad redescubrió la jaula de oro; la convivencia obligada a diario enseñaba caminos olvidados y hasta rostros que en las exigencias del andar moderno se habían desfamiliarizado, pero aun así el resabio existía y hacía extrañar lo superficial que era más fuerte que los valores que ya habían sido enterrados y que por la costumbre, juntos no se hicieron responsables a desenterrar. Cuando puede más la costumbre el amor se olvida, la bondad se esconde y la inconciencia se apodera de la acción. ¡Quien vive atado a su pasado jamás entenderá la oportunidad del presente y en automático aniquilará desde el primer momento un futuro!
Culpar a todos de todo es una sana costumbre; mirar errores de otros para alimentar satisfacciones convertidas en burla, es la peor cárcel en que se pueda caer; no tener vida propia por vivir la de otros es el infierno que le faltó a Dante pero que muchos han escrito para ellos mismos, porque es así como se establece que QUIEN IGNORA VIDA, LA VUELVE PRISIÓN…