Columna

¡Cuando lo mismo y los mismos cambien!


Por: Gaspar Herrera Farfán

“Nadie puede cambiar a una persona, pero una persona puede ser la razón por lo que alguien cambie”. Anónimo.

En su generalidad lo que enoja de los demás es y por mucho, aquellos fallos que se encuentran en uno mismo; no se puede cambiar a alguien ni tener la pretensión de que otros sean similares a uno en pensamiento, palabra y acción por que cada cual es como es, pero si se pueden establecer causas visibles que partan de resultados no deseados, a un cambio de acciones que determinen por el trayecto llevado, la satisfacción de resultados alcanzados. ¡Ah!, ¡Enorme diferencia entre mecanicidad y enseñanza!; antes de enseñar hay que aprender, o el atreverse a vivir se hace con aprendizajes compartidos en los que se acepta con humildad y se reconoce con inteligencia, y así hasta que juntos construyan el enorme edificio de la sabiduría.

Desafortunadamente y desde que el mundo es mundo, el objetivo de unos es cambiar, así sea a la fuerza, a muchos, sin importar si lo quieren hacer, sino tan solo porque uno piensa que es lo mejor para esas personas, cuando no se sabe siquiera que es mejor aún para uno mismo. Vaya juego de palabras, aunque la vida misma es un trabalenguas tan complejo, que en su recorrido presenta caminos y vericuetos tan solo para comprobar la determinación en la toma de decisiones, y el pensamiento para asimilar el enorme valor del fracaso, como la antesala del triunfo y de la satisfacción personal.

Aunque la dependencia a la tecnología se esté convirtiendo en la más sutil envoltura en la sociedad, vía las instituciones diversas que mecanizan y programan fenómenos a los cuales les ponen el nombre de conocimientos, ¡no se está viviendo en un mundo virtual!, ¡lo fácil y más rápido no es lo mejor!, ¡la trampa no es la conclusión del conocimiento!, ¡el cambio de las reglas del juego no hace ganadores, sino exhibe perdedores que al no tener respuestas por su ignorancia, convierten en híbrido el juego al no ser el original ni para los otros ni para ellos!, entonces, ¿zombies a mi?, ¡Jesús, María y José!, ¡sacrílego!.

¡No se puede ir por la vida queriendo cambiar la esencia de otras personas!, ¡Cambia tú, y cambiará todo tu escenario! De ejemplo esta fábula: Era un Rey con zapatos de seda que no podía caminar por su reino por las zarzas y espinas, además de las piedras que le lastimaban. Habló a sus sabios y les pidió matar todas las vacas para alfombrar su reino, a lo que ellos accedieron, pero de repente el bufón exclamó con alegría como un chiste, ¡Mi Rey! ¿y si solo matan una vaca y con su piel y vísceras te hacen un buen par de botas que en su interior sea suave y cómodo y en su exterior tenga la dureza que rompa espinas y no sienta el filo de las piedras del camino? Con eso el Rey aprendió que era mejor cambiar uno mismo que tratar de cambiar a todo el pueblo, y a los sabios pidió humildad para aceptar la sabiduría de otros. ¿Se quiere ser mejor? Eso solo se logrará ¡CUANDO LO MISMO Y LOS MISMOS CAMBIEN!…